PROARTE Teatro

Pedagogía teatral / CARLOS VÁZQUEZ LOMELÍ

Posted on: enero 3, 2009

La pedagogía teatral como campo de estudio y aplicación en el ámbito de las artes escénicas representa ser una disciplina que se ha  vuelto, cada día, más imprescindible para explicar y comprender, entre otros, algunos de los procesos de interacción maestro-alumno; lo que inevitablemente conlleva tenerla en cuenta al momento de hablar de la formación profesional del actor y, cuyo reconocimiento –de su necesidad– e instrumentación va llenando día tras día los espacios curriculares correspondientes donde la evidente necesidad de su presencia es ya indiscutible.   Con esto, se podría estar observando que la pedagogía y la didáctica teatrales van consolidándose poco a poco entre los intersticios de la lógica docente, el currículum y los productos o resultados (hoy competencias) con que los estudiantes van egresando de una carrera teatral. Razón y situación que la pedagogía impone a los docentes como un nuevo discurso entre los contenidos de un programa, sus objetivos y los modos de realizar la práctica docente.

 

Esto podría significar, que la experiencia acumulada de los docentes (memoria socio-educativa del campo teatral) se muestre ya insuficiente para comprender y explicar la complejidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje en la que se ven inmersos  los sujetos y su interacción en el aula. Y, posiblemente, la situación empeora cuando los docentes teatrales de la vieja guardia comienzan a carecer de unos referentes teórico-metodológicos y conceptuales que la disciplina pedagógica exige, perdiendo terreno y credibilidad frente a una academia “fortalecida” con las nuevas generaciones de docentes cuando éstos se ven en algún momento en la necesidad de sostener un argumento mínimamente coherente como justificación a su propia práctica docente.

 

Asimismo, es de enfatizar, lo poco que se ha discutido (en el ámbito educativo-teatral) sobre la complejidad de los discursos legitimados que circulan la cotidianidad social y las mediaciones socioculturales que atraviesan a los sujetos al momento de encontrarse bajo el  proceso educativo; y, finalmente cuando la formación del actor se ha tergiversando por un “diletantismo educativo” que se ve evidenciado en las prácticas de los docentes. Así que la tarea pedagógica de maestros y docentes de Escuelas, Facultades o Carreras de Teatro en nuestro país apenas ha comenzado.

 

Por otro lado, la presencia de la Pedagogía Teatral en el discurso educativo y académico podría verse en ciertas dificultades que irán presentándose mientras no se estabilice un discurso pedagógico aceptado por lo menos por la academia o colegio de docentes. La dificultad a la que nos referimos se localiza  en los cambios de perspectivas de enseñanza (por ejemplo conductismo por constructivismo). Una dificultad mayor sería el choque de paradigmas y perspectivas metodológicas, y que, lo más probable, los propios aplicadores –docentes– tienen que soslayar tal problemática (o las dificultades de los procesos de enseñanza-aprendizaje), ya sea por su raquítico y endeble dominio o conocimiento que poseen del cuerpo teórico-conceptual-metodológico  que conforman a la misma disciplina o porque ésta no ha logrado establecer el vínculo deseado entre su discurso teórico- metodológico y conceptual con las prácticas de los maestros que estén o  hayan realizado en el transcurrir de los años de docencia. Por ejemplo, Luís de Tavira contribuye a la serie de problemas y dificultades que señalo cuando hace declaraciones de este tipo:

 

Pienso que las instituciones públicas que habían estado hasta ahora preocupadas por la formación artística están en crisis, y en una crisis que las hace absolutamente inadecuadas, no porque sus planteamientos no obedezcan a necesidades reales, sino porque los medios que tienen, y los modos que tienen y el agotamiento que padecen, las ha puesto en condiciones de no estar funcionando. (DOCUMENTA CITRU, 1996: 80; el énfasis es mío)

 

Analícese, por favor la idea –o afirmación– de Tavira cuando dice  “modos que tienen” En esta pequeña frase se ve implícito los modos o procesos que se generan tanto en las prácticas docentes, así como en las relaciones interactivas entre un currículo y el cumplimiento de los objetivos expresados a manera de competencias o habilidades-saberes a lograr como tradicionalmente se les conoce. Por lo tanto, hay un sesgo, énfasis o sentido sobre las formas que se tienen de enseñar, y a los modos de entender la formación profesional del actor.

 

Esto lo digo porque en las mismas declaraciones del DOCUMENTA (revista del CITRU-INBA) Tavira vuelve a enunciar: “Creo que hay que empezar por formar pedagogos, pero para qué formar pedagogos si no hay instancias donde puedan desarrollarse” (Ibíd.. pag. 81). Es indudable que la crítica que está enunciando Luís de Tavira va no sólo esta dirigida a las instituciones públicas de enseñanza superior en ámbito teatral –o a una carencia explícita de políticas culturales y teatrales que el Estado o gobierno ha postergado– sino a toda una actitud cultural que poseemos los teatristas (¿locales?) para no solidarizarnos frente a las problemáticas que va presentando nuestro propio campo de estudio y el mismo fenómeno escénico en nuestro país. En este momento, ya es evidente que al gobierno (de Jalisco), no le ha interesado, por lo menos en la última  década la Educación Artística Profesional (véase FRANCO FRÍAS, 1995). Por otra parte, también  de Tavira  con el “para qué formar” parece invalidar anodinamente los esfuerzos que  maestros y profesores de teatro (tanto en la provincia mexicana como en el mismo D.F.) han realizado en la pedagogía teatral, y que han intentando día a día (bien o mal), mejorar la formación profesional del actor en México.

 

Por otra parte, es evidente que siguen existiendo maestros y profesores de teatro improvisados y que definitivamente se pasan por el “Arco del Triunfo” a la Pedagogía Teatral. Y para tal caso, baste con la observación de Raúl Serrano, otra personalidad latinoamericana conocida en el medio teatral académico por su primer libro: Dialéctica del trabajo creador del actor (en Colombia en 1981, en México en 1994), al caracterizar a la práctica de los maestros prácticamente sin fundamentos metodológicos  “Hoy en día, los maestros de actuación muestran mucho. Pocas veces demuestran algo. Y menos aún sistematizan” Tesis sobre Stanislavski, (1996:18). Pero ahora la dificultad va a residir en  el cómo entender a esta disciplina (pedagógica), o a este nuevo campo de estudios sin soslayar el conocimiento acumulado en los anteriores siglos, por ejemplo, la discutible Poética de Aristóteles o a Diderot con su Paradoja del Comediante, o a Stanislavski con sus libros sobre el proceso creador del actor; a Brecht con su Organón, a Grotowski y a Eugenio Barba con su tendencia ritualística y antropológica, etcétera, etcétera. Las preceptivas del siglo XX presentan un reto de conceptualización a los nuevos pedagogos teatrales que están por venir.

 

Lo preocupante sobre todo este asunto de la Pedagogía Teatral para un maestro de actuación de nuestra ciudad que apenas comienza profesionalmente la docencia teatral no lo representa tanto el término teatral sino al contrario, cabría mejor  que se preguntara: qué entiende por pedagogía, y este sería un buen inicio para empezar a comprender mejor cómo su práctica docente tiene vital importancia en la formación profesional del actor.

 

FUENTE: ESCENARIOS GACETA TEATRAL

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